Plantilla original por Blogcrowds

Modificada por maga*

Libre Interpretación.


Foto.

Y me paré al medio de la carretera, con los campos abiertos a ambos lados, y un cielo azul que me daba vergüenza de lo limpio. Abrí bien los ojos y esperé los golpes. Viene corriendo uno, directo a mi estómago. Auch. Otros caían en diagonal, y se posaban como manos amigas sobre mis hombros. Pero seguían siendo golpes, yo podía sentirlos desde antes que fueran lanzados. Ay. Eso dolía, dolía más que cuando te quiebras la muñeca al caer, o cuando alguien te pisa el corazón. Allá viene otro. Me preparo, rigidizo mis músculos y sonrío vitaliciamente.

Sonrío con el corazón abierto, operado dos veces, trasplantado otras cuantas. Pero sonrío, siempre. Siguen viniendo esos golpes, los siento a mis espaldas. Los adivino caer desde el cielo sin nubes, directo a mi cabeza, tan directo que a veces me traspasan transversalmente y rebotan, y caen de nuevo. Y de nuevo.

Pero nunca termino de acostumbrarme, sigo mi camino solitario mirando el cielo, a veces pateando una piedra, y otras veces encontrando tesoros. Una vez me encontré un mirlo, me acompañó con un aleteo sutil durante algún tiempo, hasta que se aburrió y se fue en busca de quién sabe qué. Otra vez, cuando me agaché para esquivar uno de los tantos golpes que venían, encontré una castaña, casi la piso, pero alcancé a recogerla y la guardé en mi bolsillo derecho. A veces cuando vienen golpes a altas velocidades, la estrecho fuerte en mi mano, y sigo sonriendo. Otras, las menos, la sostengo fuera del bolsillo, y miro hacia el cielo y se me asoma una lágrima de puro gozo. A veces de pena también. Pero la verdad es que ya no puedo dejar de sonreir. A pesar de todo.

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